¿Quién fue Allan Kardec?

Allan Kardec, seudónimo de Hippolyte Léon Denizard Rivail, fue un traductor, profesor, filósofo, escritor francés y el codificador de la Doctrina Espírita.

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La primera vez que tenemos contacto con el espiritismo hay un nombre que inmediatamente llama nuestra atención: Allan Kardec. ¿Es un ser divino, un predicador, el fundador de una secta con miles de seguidores?

Hoy vamos a aclarar algunas de estas ideas.

En primer lugar, hagamos un pequeño esfuerzo de imaginación. Estamos en París, 1850. Es la época del segundo Imperio en Francia.

Imaginemos a un hombre de 50 años, un famoso educador y especialista en temas de lingüística, ciencias y matemáticas. Varias generaciones de niños estudiaron con manuales de gramática que él escribió. Un hombre reconocido por su trabajo en los círculos intelectuales más importantes de Francia.

Cercano a varios de los científicos más famosos de su época, era considerado un estudioso de juicio crítico, que sometía todo al análisis de la razón. Heredero del movimiento de la Ilustración, que le dio forma al mundo moderno. Fue alumno de Pestalozzi, pedagogo fundamental en la formación de hombres de ciencia y letras del siglo XIX. En pocas palabras, nuestro personaje era el modelo del hombre de ciencia de su época. Su nombre: Hippollite Leon Denizard Rivail.

¿Pero no se llamaba Allan Kardec? Ese nombre lo utilizó posteriormente, como veremos más adelante.

En 1854, un hecho fortuito llevó a Hippolite a interesarse por temas alejados de los estudios académicos: la proliferación de los fenómenos conocidos como “mesas giratorias”. Su postura era más bien escéptica. No creía que un objeto “pensara” por voluntad propia. Más tarde, un amigo le planteó una posibilidad: que esos fenómenos fueran provocados por espíritus. La curiosidad de Hippollite no pudo resistir la tentación y decidió investigar el misterio.

Hippollite asistía regularmente a las sesiones de la familia Baudin. Fue ahí donde realizó sus primeras anotaciones y, posteriormente, formuló preguntas acerca de los temas que trataban lo espíritus en sus comunicaciones.

Más adelante, sus amigos le entregaron 50 cuadernos llenos de comunicaciones para que los revisara. Hippollite decidió estudiarlos, cotejarlos y ordenarlos según el método que había aplicado en las reuniones con la familia Baudin. Mientras llevaba a cabo esta labor, recibió una comunicación de un espíritu: le aclaró la importancia de su trabajo y le reveló que su nombre, en una encarnación previa, era Allan Kardec.

¿Cuál es el método de Kardec?

Kardec usa un método racional y científico para estudiar las comunicaciones de los espíritus. Primero las organiza y clasifica por temas. Después identifica las coincidencias. Para profundizar en el tema, elabora una serie de preguntas y las envía por correo a los centros espíritas de varios países, donde se plantean las preguntas a los espíritus. Kardec analiza las respuestas y las integra a su trabajo si hay coincidencias. De esta manera, profundiza en el conocimiento de las leyes que rigen al mundo espiritual. Por eso se le conoce como el codificador de la doctrina espírita.

Después de un arduo trabajo, siguiendo un método científico, estructuró El libro de los espíritus, que se publicó el 18 de abril de 1857 y fue firmado por Allan Kardec.

Las reacciones del público conservador no se hicieron esperar. Sin embargo, a pesar de los ataques, Kardec se concentró en su trabajo. A lo largo de 12 años se consolidó como la figura más importante en el estudio del espiritismo. Publicó otros 4 libros fundamentales: El libro de los médiums, El Evangelio según el espiritismo, El Cielo y el Infierno, La Génesis.

Allan Kardec desencarnó en París el 31 de marzo de 1869.

Allan Kardec fue un hombre de su época. Abordó el tema de los espíritus desde una profunda racionalidad. Ordenó y analizó miles de comunicaciones. Ese trabajo quedó plasmado en las obras fundamentales de la doctrina espírita. Estos libros son la guía para la práctica del espiritismo. En sus escritos, plantea la reencarnación como el mecanismo para crecer espiritualmente y acercarnos a la divinidad.



Texto de Eric Dounce, trabajador del COEM.